ab Club del Viaje denuncia el sucursalismo encubierto existente entre las franquicias de agencias de viajes

“¿Por qué se llama franquicia a aquello que no lo es?”, se queja Miguel Notario, gerente de la enseña

Fecha: 08/11/2004

ab Club del Viaje denuncia el sucursalismo encubierto existente entre las franquicias de agencias de viajes La enseña ab Club del Viaje no hace sino denunciar públicamente una situación que es de sobra conocida en el sector: la existencia –y, por qué no, la permisividad por parte de quienes podrían evitarlo– de un sucursalismo encubierto dentro del mundo de las agencias de viajes. “Se emplea el término franquicia para denominar fórmulas que no lo son”, señala Miguel Notario, gerente de la central madrileña. “Si para que se de un verdadero acuerdo de franquicia ha de existir un interés voluntario por parte de dos empresarios independientes, que han de seguir siendo independientes durante y después de la vigencia del acuerdo, éste no tiene lugar en muchos casos que, se venden como acuerdos de franquicia cuando en realidad no lo son”.

Existen al menos tres aspectos fundamentales que deben concurrir para que el propietario de una agencia de viajes franquiciada pueda considerarse independiente: en primer lugar, debe estar en posesión de su correspondiente título-licencia para ejercer la profesión, “circunstancia ésta que no es requerida por las marcas que se autodenominan centrales de franquicia, y que lo que hacen es poner a disposición del candidato un título-licencia que es propiedad de la firma”, aclara Miguel Notario; en segundo lugar, debe tener a su nombre el contrato de arrendamiento o propiedad del local en el que ejerce la actividad, “y no estar éste a nombre de la marca, lo que nuevamente pone en entredicho la autonomía del supuesto franquiciado”, señala el gerente de ab Club del Viaje; por último, no debe existir en el contrato cláusula alguna, económica o no, que penalice la rescisión del mismo en cualquier momento de su vigencia. “El cumplimiento de estas tres premisas hacen que el franquiciado pueda, en el momento en que no se encuentre a gusto, cesar en su pertenencia a la red de la que se trate, y sin embargo poder seguir ejerciendo su actividad. Pero si no dispone del título-licencia, no tiene el local a su nombre o se encuentra ‘maniatado’ por un contrato draconiano, ¿cómo puede tomar esa decisión, sin que su fuente de ingresos se vea afectada? Éste no será entonces un franquiciado de verdad, sino un sucedáneo, dado que no va a poder continuar con su negocio por decisión de la otra parte”.

Para Miguel Notario, el hecho de que no exista una legislación específica al respecto hace que una serie de empresas –calcula que un 40% de las existentes, algunas de ellas muy conocidas por el gran público– utilicen este vacío legal para hacer un mal uso interesado del término franquicia, para designar un tipo de acuerdo que no lo es. “Me pregunto si se informa adecuadamente al interesado de lo que en realidad supone para él esa otra fórmula de colaboración, que tiene todas las ventajas para la marca, que se ahorra el principal gasto fijo de una empresa, que son los sueldos, que corren a cargo del titular de la agencia, pero que le deja a él en precario si llegado el momento decide poner punto y final a la relación”, concluye Miguel Notario. Amén de que merma toda su capacidad decisoria, estando siempre a merced de lo que ordene la casa matriz, pues prácticamente, a casi todos los efectos, no pasa de ser un mero empleado, y nunca un empresario independiente”.

 


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