Guillermo Fernández, franquiciado de Climastar

Tuve que llegar a un acuerdo con el franquiciado que me traspasó el local.

Fecha: 01/09/2009

Guillermo Fernández, franquiciado de Climastar

Desde octubre de 2007, Guillermo Fernández ha experimentado cómo la obtención de financiación se endurecía hasta límites insospechados. Esa fue la fecha en que este emprendedor de 35 años, vicepresidente de AJE Asturias, puso en marcha su primera franquicia Climastar, en Avilés. La visita al Banco Popular se resolvió rápidamente: presentó el plan de negocio, la declaración de la renta y, como iba a ser un traspaso, un balance del último ejercicio del establecimiento. Dos días después, firmó un crédito de 100.000 euros –el 70% de la inversión– a 8 años.

Posteriormente, Fernández apostó por comprar las zonas oriental y occidental asturianas para desarrollar una red comercial con los productos de la enseña. “Esta vez, para un préstamo de 50.000 euros con la misma entidad, tuve que presentar garantías hipotecarias”, argumenta el asociado, al que el arrojo y fe en la marca inclinaron a adquirir el traspaso de otra franquicia, esta vez en Oviedo, en diciembre de 2008. “Había pasado poco más de un año desde que abrí la de Avilés, pero la actitud de los bancos había cambiado por completo”, explica. El primer “no” llegó de su banco habitual, aunque el empresario lo intentó con más entidades: “O ni siquiera estudiaban la operación o daban largas y demoraban la respuesta, así que tuve que firmar un contrato privado con el franquiciado anterior, en el que se refleja una garantía de cobro y se acuerda un pago diferido a unos intereses pactados”.

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